Num: 6009 | Domingo 21 de abril de 2019
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Ponferrada, de puente a puente

Los puentes guardan una estrecha y singular relación con la capital berciana, a los que debe su origen, evolución y desarrollo

El puente de La Puebla, también conocido como puente Cubelos (C. Sánchez/Ical)

Ponferrada no podría entenderse sin sus puentes. A ellos debe su origen y su nombre, y sin ellos tampoco hubiera sido posible el gran crecimiento experimentado en el último siglo por la capital berciana, marcada por su ubicación en una encrucijada de caminos y entre dos aguas, las del río Sil y las que del Boeza. Durante cientos y cientos de años, solo ese originario y solitario puente de La Puebla permitía cruzar el cauce del Sil a su paso por la ciudad hasta que el siglo XX trajo consigo el desarrollo, con el que se tendían tres nuevos puentes: García Ojeda, Puente de Hierro (Alcalde Celso López Gavela) y del Centenario.

El puente de La Puebla, el primero de la ciudad, sobre el río Sil (C. Sánchez/Ical)
El puente de La Puebla, el primero de la ciudad, sobre el río Sil (C. Sánchez/Ical)

Y es que una de las primeras referencias documentales de la ciudad dejan constancia de la orden del obispo Osmundo de Astorga de construir un puente hacia el año 1086 para facilitar el paso de los peregrinos del Camino de Santiago, que tenían grandes dificultades para pasar el río Sil. Un puente que debía estar provisto de unas cadenas de hierro para “facilitar” el pago del pontazgo – una especie de peaje-, lo que le daría ese nombre de ‘Ponsferrata’ (aunque hay otras teorías) y que posteriormente acabaría dando nombre también al núcleo urbano en torno a la fundación de la iglesia de San Pedro -también en el siglo XI-, que primeramente se llamó La Puebla de San Pedro.

El historiador Vicente Fernández Vázquez, en ‘Ponferrada. Artística y monumental’, llega a la conclusión de que “casi con toda probabilidad” el puente que fundó el obispo Osmundo es el puente de la Puebla, a los pies de la ubicación originaria de la iglesia de San Pedro (ahora en la calle de Pérez Colino). Con un único arco de casi 16 metros de luz y cuatro metros y medio de ancho, era un paso pequeño, que se mantuvo más o menos igual hasta duplicar sus dimensiones en el siglo XVIII, cuando fue necesario intervenir ante su estado prácticamente ruinoso.

“No debe extrañarnos que una de las mayores crecidas que conoció el Sil a lo largo de los últimos quinientos o mil años estuviese a punto de llevarse el puente Mayor -como también se conocía-”, reflexiona Fernández, que añade que en el año 1772 “estaba tan sumamente deteriorado que si no se reedifica de nuevo se derrumbaría”, por lo que se levanta un paso prácticamente nuevo, de la mano de los canteros Diego de Veira y Pedro Viqueira, que acometen su reparación por 25.000 reales. Así, dos años después se procedió a su ampliación y así se mantendría prácticamente hasta la II República, cuando se solicitó su ensanchamiento para paliar el gran paro que sufre la ciudad.

Sería en los años 60 cuando el intenso tráfico de la Nacional VI haría imprescindible su ampliación, adosándole dos bóvedas de hormigón a ambos lados de la bóveda antigua del siglo XVIII. Este puente se conoce popularmente como el puente Cubelos, por la presencia a su lado de la famosa Casa Cubelos, donde se decía que se comía el mejor pulpo de Ponferrada y que estuvo abierta durante 127 años, hasta que cerró definitivamente sus puertas en 2007.

El puente García Ojeda, junto al Castillo de los Templarios (C. Sánchez/Ical)
El puente García Ojeda, junto al Castillo de los Templarios (C. Sánchez/Ical)

A los pies del castillo y el polígono de Las Huertas

El puente de La Puebla no tendría compañero sobre el Sil hasta que en 1971 se abrió el puente García Ojeda, con el objetivo de desahogar el tráfico de la carretera Madrid-La Coruña que colapsaba ese único paso del río atravesando el centro de la capital berciana y la necesidad de comunicar la parte alta de la ciudad con la baja por otro punto. Así, se inició su construcción totalmente en hormigón con un presupuesto de 17,5 millones de pesetas, que se elevaría hasta los 20 millones -120.000 euros-.

No hubo que esperar de nuevo siglos para la llegada del tercer puente, de la mano del gran desarrollo experimentado por la ciudad en los años 80, que se perfilaba como una de las más dinámicas de Castilla y León. Llamado originalmente como puente de Hierro, su construcción fue promovida por el equipo municipal presidido por Celso López Gavela y servía de conexión entre el barrio de Las Huertas y el barrio de los Judíos.

El proyecto del arquitecto Andrés Lozano, resultó novedoso en esa época y se llevó varios premios nacionales e internacionales. Precisamente, su diseño, con la colocación de un obelisco en uno de sus extremos hizo que también fuera denominado como ‘puente de los Faraones’ y, desde el año pasado, fue renombrado como ‘puente Alcalde Celso López Gavela.

El Puente del Centenario es el último que se ha construido en Ponferrada (C. Sánchez/Ical)
El Puente del Centenario es el último que se ha construido en Ponferrada (C. Sánchez/Ical)

100 años de ciudad

Ya en el nuevo milenio, la ciudad estrenaría su cuarto y último paso sobre el Sil, el puente del Centenario, en las proximidades de la antigua central eléctrica de la MSP -ahora Museo Nacional de la Energía-, que con su nombre quería hacer referencia a la celebración de los cien años de la concesión del título de ciudad a Ponferrada por el rey Alfonso XIII y la coronación de la Virgen de la Encina, que se cumplía en 2008.

Un año antes era inaugurado después de varios años de obras y tras una inversión de 12 millones de euros en una infraestructura de 220 metros levantada con acero y hormigón, cuya silueta con su arco “atirantado” ha cambiado el ‘skyline’ de la capital berciana, convirtiéndose en un símbolo de modernidad.

El Puente Boeza original, a la izquierda (C. Sánchez/Ical)
El Puente Boeza original, a la izquierda (C. Sánchez/Ical)

El paso del Boeza

Pero no sólo el río Sil “baña” a la capital berciana, el paso del Boeza también ha sido muy importante en el desarrollo de la ciudad. El llamado Puente Boeza, que da nombre al barrio, comenzó a construirse en el siglo XVI y tardó más de 20 años en levantarse, debido, entre otras causas, a que una gran riada destruyó su arco principal durante las obras y provocó la quiebra de Juan de Suertes, que se había comprometido a hacerlo en dos años y por 2.000 ducados. Así, se mantuvo sin apenas intervenciones de importancia, hasta que en 2005 se inició su restauración, tras la que se ha librado del tráfico para tener un uso exclusivamente peatonal.

Precisamente, eso fue posible gracias al nuevo puente sobre Boeza, que mejoraba la comunicación entre la ciudad con el barrio y los pueblos que se sitúan en los valles de ese otro lado del río. Este viaducto contó con un presupuesto de dos millones de euros y se abrió al tráfico el 31 de marzo de 2007, con dos carriles y aceras y un diseño que, según apunta Vicente Fernández, “se cuidó que no quitara protagonismo al viejo puente del Boeza”.

El puente Celso López Gavela, en el Polígono de las Huertas (C. Sánchez/Ical)
El puente Celso López Gavela, en el Polígono de las Huertas (C. Sánchez/Ical)

 

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