La ciudad de Ponferrada renovó hoy su tradicional Voto de Villa con el reparto de 200 kilogramos de uvas, las primeras de la cosecha de este año, entre los fieles que acudieron al acto, que reunió en la iglesia de San Pedro de la capital berciana a las autoridades municipales. Desde la céntrica parroquia, situada a pocos metros de la plaza Lazúrtegui, el cortejo partió en procesión hasta la basílica de La Encina.

Tras la celebración de la misa en honor a San Roque, las autoridades volvieron a desfilar en procesión hasta la iglesia de San Pedro, donde se llevó a cabo el reparto de las primeras uvas de la cosecha. La concejal de Hacienda, Amparo Vidal, aseguró, en respuesta a los medios, que entre las peticiones que este año se elevan a San Roque, destaca la que le solicita “que no haya huelga de basura”. “También se lo vamos a pedir al santo, pero sobre todo estamos trabajando mucho para que no haya huelga”, explicó Vidal.

Tradición centenaria

La tradición del Voto de Villa se inició formalmente en el año 1600, cuando se le dio forma oficial con el juramento municipal que decía “la villa de Ponferrada hace voto y juramento a Nuestro Señor Dios de guardar perpetuamente la Fiesta de San Roque”. Más de 400 años después, sigue vivo el espíritu de agradecimiento con el que la ciudad asiste a la liturgia de renovación del Voto.

Pero la cara de la historia es más cruel y se remonta a 1577. En ese año, la peste se extendía por cada rincón del municipio y aparecía a seis leguas de Ponferrada, donde se abría camino con facilidad instalándose en ella en el mes de julio. De nada sirvieron las medidas preventivas como el cierre de puertas y postigos además del servicio de vigilancia vecinal ininterrumpida. Se proveyeron las boticas de medicinas y se pagaron dos ducados a los barberos para que estuvieran disponibles para realizar sangrías y atender a los apestados.

Esa fecha fue nefasta puesto que el brote de la enfermedad barrió la calle del Rañadero que, según los relatos históricos, suponía la mitad de la población de la ciudad. El imparable mal sólo podía ser paralizado por orden divina y así lo creyeron los vecinos que, en el mes de septiembre, se unieron en la Iglesia de Nuestra Señora de Vizbayo, en Otero de Ponferrada, para hacer rogativas al santo y procurar que cuidara sus cosechas.

El resultado fue casi mágico. En el mes de noviembre, en la Plaza de las Eras, se sacaba un toro como señal de que la enfermedad había remitido. En agradecimiento al santo, el 11 de agosto de 1578 el pueblo establece el Voto, que se oficiaría más tarde, comprometiéndose a repartir las primeras uvas de las cosechas entre los enfermos.

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