Hace ya muchos años que la minería del carbón dejó de ser el motor económico de la provincia. Tras el desmantelamiento, al inicio de la década de los noventa, de la empresa Hulleras de Sabero vino una larguísima agonía. Como fichas de dominó fueron cayendo una tras otra empresa. En los lejanos años noventa nadie quiso ver que el cierre de la minería de la Montaña Oriental era el principio del fin. Prefirieron creer que era un caso aislado. Y cuando ya era irreversible se organizaron aquellas épicas e históricas marchas negras a Madrid y se crearon no se sabe cuántas mesas del carbón para reindustrializar las cuencas. Y, sí, se mejoraron las infraestructuras y todo tipo de servicios para pueblos llenos de prejubilados ociosos, de los que los jóvenes huían como apestados. Y hasta hoy.

Y hoy la lucha está en la defensa de las centrales térmicas. Anllares está herida de muerte y con fecha de cierre. La Robla funciona a medio gas y Compostilla, ya se sabe, cuando Compostilla se constipa, todo El Bierzo se resfría. Y ahora los dueños italianos de Compostilla quieren cerrar también esta térmica. No es rentable. Ahora priman las térmicas en la costa, al lado de los puertos en los que se desembarca carbón del otro lado del mundo. Para evitar este cierre, los sindicatos mineros y todas las fuerzas vivas de El Bierzo y Laciana han convocado para esta mañana una manifestación en Ponferrada para impedir el cierre de las térmicas, frenar la importación de carbón internacional y forzar la supervivencia de las dos últimas exploraciones mineras: Uminsa y HBG. Los restos del naufragio. Apenas dos centenares de mineros, los últimos mohicanos, frente a los miles que hace ya muchos años hacían temblar a la patronal y asustaban a los gobiernos de Madrid.

Europa, la defensa  del medioambiente y la lucha contra la contaminación, la indefinición de los sucesivos gobiernos centrales (PP y PSOE, tanto monta, monta tanto) y el querer y no poder de los gobiernos regionales del siempre dubitativo Herrera (15 años en el poder) han provocado la desaparición de la minería del carbón. Sólo el presidente Zapatero, tan denostado en su propia tierra, promovió la creación de la Ciudad de la Energía de Ponferrada, no para crear otro museo más sino para impulsar un centro de investigación de alta tecnología sobre la descontaminación del carbón y la captura del CO2. El proyecto se ha quedado en eso, en proyecto convertido en museo y poco más. Ha sido el fin del último canto de cisne.

Ahora ya sólo queda defender la continuidad de las térmicas de Compostilla y La Robla. Complicada papeleta. Los sindicatos se han  desfondado en estos años de atrás y las instituciones púbicas tienen otras prioridades. En Madrid todo lo que se refiera a carbón suena a prehistórico, poco competitivo y peligroso por su alta contaminación. No está de moda. No es un producto urbano. Y hoy el poder está en las ciudades, no en comarcas como El Bierzo o el Valle de Gordón.

A estas alturas se anuncia que Gas Natural, presida por el exbanquero catalán Fainé, quiere comprar la eléctrica italiana propietaria de Compostilla, eso sí, después de quedarse con la portuguesa EDP. Largo lo fiais, amigo Sancho. Aunque lo más seguro es que la cabeza economicista de Fainé no vaya a ser una garantía de continuidad de Compostilla.

Está bien la manifestación de esta mañana en Ponferrada, al menos que sirva para hacer ruido y garantizar una salida digna para los últimos mineros de El Bierzo. Sus hijos, ya son otro cosa. Que vayan preparando la maleta. Esta tierra no tiene futuro.