Num: 6415 | Domingo 31 de mayo de 2020
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Un enemigo que no entiende de fronteras

Los bercianos residentes en el extranjero deben decidir estos días si vuelven a casa antes de arriesgarse a quedar confinados a miles de kilómetros de sus seres queridos

Pablo Fernández (I) y Francisco García (D), dos trabajadores bercianos en dos empresas de obra civil en Oslo (Noruega). / Ical

Una de las medidas que muchos países están tomando para hacer frente a la crisis sanitaria causada por la propagación del coronavirus Covid-19 alrededor del planeta consiste en cerrar las fronteras, como ocurrió a principios de semana con los límites exteriores terrestres españoles. Con la puesta en marcha de estas nuevas restricciones a la circulación, muchos residentes en el extranjero tienen que tomar durante estos días una dura decisión: volver a casa y poner en peligro la continuidad de sus trabajos o quedarse en su lugar de residencia y correr el riesgo de enfrentarse a una cuarentena a miles de kilómetros de los seres queridos.

Un caso particular es el del ponferradino David Calleja, empleado de una empresa del sector aeronaútico en la ciudad canadiense de Montreal. Su trabajo le obliga a viajar habitualmente y esta crisis le sorprendió regresando de Indonesia a Madrid, desde donde se dirigió al Bierzo antes de la entrada en vigor del estado de alarma. “Cuando llegué aún no había confinamiento, pero existía la responsabilidad social de no moverse de casa. Yo me aislé completamente en el ático de la casa, no he pisado la calle y mantengo el contacto mínimo con el resto de la familia”, explica David, cuyos padres, profesores ambos, aún tuvieron que dar clase hasta el viernes de esa semana.

En ese momento, las autoridades canadienses imponían una cuarentena obligatoria de 14 días de reclusión domiciliaria para toda persona llegada del exterior. “Tuve que tomar la decisión de adelantar el vuelo, volver a Canadá y quedarme aislado allí o quedarme en España y pasar la crisis cerca de la familia”, relata el berciano. Esta misma semana, el gobierno federal canadiense endureció estas medidas y dio cerrojazo a la entrada al país, excepto para nacionales o residentes permanentes. David, que disfruta de un permiso de trabajo, explica que, “sencillamente ahora mismo no puedo volver a Canadá”. “Tampoco estoy preocupado, yo tuve la opción de ir o quedarme, no estoy aquí forzado sino que preferí vivir esta situación aquí. Estoy más que contento de haber tenido la oportunidad de poder pasar esta situación en casa, por estas circunstancias de la vida de estar viajando y que me pillase justo en España”, confiesa.

Desde el punto de vista laboral, las actuales circunstancias tampoco son un problema para él, incluso aunque las restricciones se extendieran en el tiempo. “Puedo hacer mi trabajo al cien por cien desde casa, mi vida profesional no se vé afectada. En el momento de tomar mi decisión, hablé con la empresa y con mis compañeros para ver cómo nos íbamos a organizar. Desde el principio estuvieron abiertos a que yo hiciera lo que considerara oportuno”, valora.

En ese sentido, las reuniones de equipo ‘online’ tampoco son una novedad para él. “Parte de mi equipo trabaja en Ottawa, en mi día a día tengo que hacer conferencias con gente que no está en mi oficina”, explica. Además, la diferencia horaria con España provoca que sus jornadas se intensifiquen, ya que empieza a trabajar cuando sus compañeros todavía duermen. “Al final acabo trabajando más horas”, asegura entre risas.

Cuarentena obligatoria

Desde Oslo, la capital noruega, los bercianos Pablo Fernández y Francisco García, trabajadores en dos empresas dedicada a la ingeniería civil, explican que la epidemia ya ha causado las primeras muertes en el país escandinavo, donde los infectados superan el millar. Allí, todo aquel que pueda trabajar desde casa debe hacerlo, no se recomienda el uso del transporte público y es obligatorio realizar una cuarentena de 14 días cuando se viaja al país aunque no se presenten síntomas de infección. “El gobierno noruego está emitiendo requerimientos casi a diario”, explica Pablo, que considera que “aquí han tomado medidas a tiempo” y que con ellas se evitará aplicar un confinamiento generalizado como el decretado en España.

Tras el cierre de la práctica totalidad de la actividad pública, el confinamiento en casa continúa siendo una recomendación y no una imposición, aunque la situación “está cambiando casi a diario”, explica Francisco. “Creo que los españoles que estamos aquí tenemos el ‘chip’ de cuarentena debido a la situación que se está viviendo en España e Italia”, asegura el berciano, que mantiene la esperanza de que el civismo y la prioridad por el bienestar de la sociedad que caracteriza a los noruegos sirva para evitar llegar a tomar ese tipo de medida drástica. “En caso contrario, estamos preparados para afrontar lo que sea”, subraya. “La sensación general en Noruega es que España ha perdido el control de la situación. Nos preguntan por la situación de amigos y familiares”, apostilla Pablo.

Sobre una posible vuelta a casa en las actuales circunstancias, Francisco admite que ya se ha hecho a la idea de cancelar el vuelo que tenía programado para Pascua y las escapadas de fin de semana que tenía previstas para continuar conociendo el territorio noruego. “A ver si se normaliza todo”, afirma resignado. En la misma situación se encuentra su amigo, que duda si podrá volver a su país en Semana Santa, como tenía planeado. “Todavía no lo sé, pero pinta mal”, reconoce. De cara al futuro cercano, Francisco comenta que los últimos rumores apuntan que la situación podría llegar a durar de tres a seis meses. “Realmente no sé qué pensar, hay demasiada información que recibimos de todas partes”, lamenta.

De hecho, la “incertidumbre” extiende su velo y domina casi todo lo relacionado con los planes de cara a los próximos meses. “La verdad es que no estoy seguro de si hoy podría volver. El aeropuerto lo han llegado a cerrar, aunque ahora está abierto de nuevo. Creo que para volar a España no habría problema, pero otra cosa sería volver a Noruega. Tendría que estar en cuarentena por 14 días y además es posible que en cualquier momento no permitan vuelos procedentes de España”, explica Pablo.

“En mi caso no tiene mucho sentido ya que pasaría por lugares de alto riesgo como aeropuertos y transportes públicos antes de ver a mi familia y no me gustaría ser quien los contagie”, apunta Francisco. En el trabajo, su empresa “reaccionó rápido” ante la situación y planteó a todos los empleados que podían hacerlo la posibilidad de trabajar desde casa. “Hay que tener claro que estamos ante un momento muy difícil, de mucha incertidumbre y que las decisiones no son nada fáciles de tomar. Nos han mantenido informados en todo momento de los cambios que se están llevando a cabo tanto dentro del proyecto como en el país en general”, valora.

La situación en las antípodas

A 20.000 kilómetros de distancia, en el extremo opuesto del planeta, otros dos bercianos, Esther García y Javier González, viven esta pandemia desde la ciudad australiana de Gold Coast, al este de la isla. Esta zona que “vive básicamente del turismo” y en la que la hostelería es el principal sector fue el lugar en el que estuvieron ingresados el actor estadounidense Tom Hanks y su mujer, Rita Wilson, tras dar positivo por coronavirus. “La situación aquí está mejor que en España, aunque a veces parece surrealista”, explica Esther, que apunta que “en la ultima semana ha empezado a subir mucho el número de casos”, que se acercan ya al millar. Por este motivo, las autoridades australianas cancelaron esta semana gran parte de la actividad pública y cerraron las fronteras, permitiendo entrar al país sólo a australianos y residentes permanentes. “No hay cuarentena, pero estoy segura de que llegaremos y, en mi opinión, cuanto antes se haga, mejor”, afirma Esther.

La enorme distancia que les separa de sus familias y amigos se torna estos días en un añadido más a la preocupación que sienten. “Es una sensación difícil de transmitir, estamos en contacto incluso más que antes, pero estar tan lejos al final te vuelve loco”, explica la berciana, que estos días debería estar disfrutando de la visita de sus padres. “Llevábamos mucho tiempo planificando que vinieran y dos días antes de volar lo tuvieron que cambiar por el coronavirus. Es una situación difícil porque teníamos muchas ganas de vernos, pero según están las cosas era lo más sensato”, reconoce.

La crisis sanitaria también le ha obligado a cancelar las reservas de vuelos para visitar otros lugares como Sydney y Tasmania y pone en riesgo su estabilidad financiera para los próximos meses. “Estamos viendo que la cuarentena llegará y la mayor parte de los que hemos venido aquí trabajamos en restaurantes, hoteles o bares con un contrato ‘casual’, lo que quiere decir que si cierran no cobramos nada”, explica Esther.

Con una vigencia de un año más en su visado, la joven pareja sobrevive gracias al contrato fijo de media jornada de Javier y de momento no se plantea volver, aunque reconocen que “muchos amigos se están planteando tener que irse porque no saben cómo podrán afrontar la vida aquí si se reproduce la situación de España”. En cualquier caso, el retorno “no sería fácil”, explica Esther. “Tenemos amigos que se han ido y han tenido que estar en aeropuertos como Dubai muchos días sin saber cómo podrían llegar a España. Cada día cambian las restricciones de cada país y es más difícil encontrar escalas para llegar, a parte de que muchas aerolíneas están cancelando todos sus vuelos”, subraya.

Falta de previsión

A Javier Badiola, natural de La Robla, la pandemia le ha alcanzado en la ciudad de Curitiba, en el estado brasileño de Paraná, donde ejerce como profesor del Instituto Cervantes. Allí, como en otros países, la situación cambia cada día, explica Javier. “Ahora ya hay fallecidos por coronavirus en varios estados por lo que algunos han emitido decretos restringiendo eventos, reuniones y la actividad en distintos sectores. A nivel nacional, se ha pasado del escepticismo e incluso negacionismo del propio presidente a una rueda de prensa con el gobierno en pleno, todos con máscara y muy juntos, en una escena casi teatral, y en realidad con poco que decir”, critica.

En ese sentido, este leonés lamenta la “tenue respuesta” que hasta ahora ha dado el gobierno federal a la epidemia global. “Todo funcionó con normalidad hasta el martes o miércoles que empezaron los decretos estatales”, explica Javier, que lamenta que “hasta que las cifras no sean escandalosas, la gente no ve el peligro”. “Nadie quiere alterar su rutina, sus planes, nadie cancela su celebración de cumpleaños, su salida a hacer deporte, sus negocios”, afirma, preocupado por la respuesta que pueda tener el sistema sanitario del país ante una “situación límite”.

Tras 15 años al servicio de esta institución que depende del Ministerio de Asuntos Exteriores, Javier critica que la salud de los empleados “no ha sido la prioridad en la gestión concreta de esta pandemia” y lamenta que la única comunicación oficial por parte del aparato del Estado señalara de manera confusa la recomendación de “reconsiderar los planes de viaje urgentemente” ante el aumento de cancelaciones de vuelos con origen o destino en España. “¿Qué significa eso? ¿Que me quede en casa? ¿Que no importune tratando de volver a mi país?”, se pregunta, indignado. En esa línea, Javier opina que las recomendaciones del Gobierno de España para que los residentes en el extranjero retornen al país lo antes posible “están muy bien, pero además de querer volver hay que poder hacerlo” y señala que las ciudades con conexiones aéreas a España como Sao Paulo, Rio de Janeiro, Salvador o Recife, son las más afectadas por la epidemia. “No creo que volver ahora resultara muy sencillo ni tal vez recomendable”, apunta.

Igualmente, Javier critica que los profesores del Cervantes tuvieran que acudir presencialmente al centro en horario de media jornada hasta el pasado viernes, pese a que desde el miércoles se implantó el sistema de clases ‘online’. “Se ha priorizado que la máquina no deje de funcionar, especialmente nosotros los profesores, que somos los que producimos algunos ingresos con nuestra labor diaria”, reprocha el profesor, que lamenta también la “falta de previsión y organización” en el salto al sistema de clases por internet, algo que a su juicio no debería haberse hecho “de un día para otro”, tras las experiencias de países que sufrieron antes la epidemia, como China e Italia, donde el Instituto también opera.

Pese a la “falta de medios” que obliga a los trabajadores a usar sus recursos personales para impartir las clases “el nivel de respuesta de los estudiantes ha sido alto y parecen satisfechos”, explica Javier, que asegura estar “aprendiendo para sacarle el mejor partido posible a las herramientas ‘online’”. Consciente de que seguramente tenga que posponer sus planes para volver a España en junio, el profesor señala que “lo principal es superar la epidemia a nivel global”. “No pienso salir corriendo por el momento, tampoco sé si podría hacerlo y nadie nos ha ofrecido esa posibilidad. Habrá que ver cómo evoluciona el escenario en Brasil y, en el peor de los casos, espero que se acuerden de nosotros”, afirma.

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