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Opinión


4 de agosto de 2012

Una amarga victoria, señor ministro


En pleno ecuador del verano del 2012 el ministro de Industria y Energía, el señorito Soria, se va a tomar unos días de reposo estival con el pecho henchido por la victoria aplastante cosechada en el pulso que le ha plantado el sector de la minería del carbón. Podrá irse a remozar sus calzonazos marca pijildrín en sus queridas playas canarias con satisfacción del deber cumplido. Nunca jamás se movió un ápice de su postura inicial en los casi tres meses de conflicto. Sus cuentas fueron frías e inflexibles, lo que denota que no son políticas y menos…humanas.

Pero, ay, quizás la victoria puede tornarse amargura, pues en las cuencas mineras españolas el sentimiento contrario a él y al Gobierno que representa ha ganado enteros a pasos agigantados, lo que, a la larga, será pasto de la manipulación política y el rendimiento electoral de otros partidos. El verdugo siempre será recordado y, señorito Soria, usted es ya el rostro del primero que ha desoído hasta las voces de la Junta de Castilla y León, de todos sus compañeros de partido a nivel provincial y del malo, malísimo de este drama. Sí, drama. En estas nuestras tierras, ya lo hemos explicado por activa y por pasiva, la cultura de la mina es algo intrínseco con toda la sociedad. Las minas hoy, gracias a las fuertes inversiones recibidas, son más seguras que nunca. Lejos quedan los 25 muertos de 1995, frente a los seis del 2010. En China, cada día, mueren cinco mineros. Quizás preferimos el carbón sanguiñoliento de peor calidad, pero barato. No nos engañemos, el mapa energético tendrá que contar con el carbón varias décadas más, en lo que llaman el mix del ídem. España paga cantidades ingentes en importar petróleo y gas, orihundos de zonas del planeta muy inestables y con sombra de corrupción o falta de libertad. Las renovables todavía no son lo suficientemente rentables y están lastrando buena parte del dinero que tiene pagar el propio Gobierno y las empresas eléctricas en su carísima factura. Las minas siguen teniendo algo que decir en esta situación. Nadie quiere lo nuclear después de Chernobyl y Fukusyma, a no ser el gran capital que no ve más allá de su cuenta de beneficios.

El sector hace los deberes

Carbunión, colectivo de empresarios del carbón, ha hecho sus deberes. En 1991 existían en España casi 50.000 productores, mineros; y dos décadas después tan solo quedan 5.000. Lo mismo si atendemos a las cifras de extracción. Entonces, si las minas son más seguras, más modernas; si se ha aplicado un recorte brutal en las plantillas y en la explotación, ¿acaso no es eso una reconversión? Los fondos distribuídos, multimillonarios, 2.000 millones de euros tan sólo para Uminsa, han sido aplicados para el fin que fueron dados. Otra cosa pueden ser los otros dos cauces de subvención, esto es, a los municipios mineros y a los propios sindicatos. Ahí sí hay claros indicios de despilfarro, falta de control y dudosa rentabilidad futura.

El horizonte del último Plan era el 2018. A partir de ahí cada uno se tendría que valer por sí mismo. Pero la crisis, esa crisis que está sirviendo para aprovecharse a recortar lo que estorba, pretende ser la justificación para haberse saltado el calendario de porcentajes de reducción de ayudas. De momento, de los 301 millones de euros que Europa y Madrid tenían que dar al sector, se ha pasado a 111 millones. Y el futuro es ya papel mojado. Mientras escribo estas líneas el Grupo Alonso debate en su Sanedrín qué va a proponer el lunes a sus trabajadores, los únicos que restan por volver a los tajos. Va a ser una semana de asunción de la cruda realidad. Para mal o para peor. Y mientras el ministro del ramo se broncea, el Gobierno no tiene empacho en pagar 600 millones de euros en prejubilaciones cada año. Esas prejubilaciones a diestro siniestro, a personal no sólo de interior de los pozos, en edades relativamente tempradas, desde los 40 a 56 años, son otro de los errores de un exceso del pasado que ahora se paga. La opinión pública no entiende cómo pueden jubilarse personas sanas con trabajos de exterior en plenas facultades físicas y mentales con un promedio de 2.000 euros mensuales. Como tampoco entiende que no se apueste más por la combustión del carbón aprovechando el gas que emana. ¿Tendrá que ser la tecnología alemana la que en breve exporte este método de obtención de energía? Quizás cuando Alemania demuestre en pocos años que tiene la forma, la patente, la maquinaria para hacerlo. Está al caer. Será entonces cuando se vuelva la mirada al carbón del Bierzo, Laciana y del resto del Estado. Pero para entonces quizás ya no queden pueblos, ni habitantes en las cuencas. Eso sí, seguirá existiendo turismo en Canarias, donde José Manuel Soria, seguirá yendo a tomar el sol.

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