Num: 7267 | Viernes 30 de septiembre de 2022
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“Urge un pacto de Estado contra la pobreza”, afirma el presidente regional de Cáritas

(Miriam Chacón)

R. Travesí Le abordamos a la salida de una reunión con la coordinadora de Drogodependencias de la Junta de Castilla y León, que tiene lugar en una de las sedes de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades en Valladolid. Es delegado episcopal de Cáritas Zamora pero su cargo al frente de la presidencia regional de la organización le obliga a coordinar los programas y proyectos en todas las provincias. Y Cáritas se centra desde la acogida y atención de base, el empleo, la drogodependencia, la infancia y la familia hasta las personas mayores, sin hogar, enfermos de sida, reclusos y ex reclusos pasando por los inmigrantes y las personas con discapacidad. Antonio Jesús Martín de Lera (Benavente, Zamora, 1963) tiene mucho trabajo para cubrir las necesidades de tantos colectivos pero asegura a la Agencia Ical que Cáritas nunca pierde la esperanza y ni cae en el desánimo. “Desde nuestra identidad cristiana, tenemos claro que en esta vida todo tiene solución”, precisa.

¿Cómo se prepara Cáritas en unas fechas tan señaladas, en la que unos tienen tanto y otros tan poco?

Todas las Cáritas de Castilla y León llevan a cabo durante la Navidad una campaña de sensibilización para que los ciudadanos tomen conciencia en unas fechas en que el consumismo se dispara que hay muchas personas en nuestro entorno que lo pasan mal y sufren con los efectos de la crisis. De cara a los más necesitados y desfavorecidos, tratamos que ellos también puedan experimentar el espíritu de la Navidad.

¿Es solidaria la sociedad castellana y leonesa?

Es una sociedad bastante solidaria. También es verdad que la solidaridad hay que educarla porque no solo basta con tener buena voluntad. A veces, pensamos que lo único que se puede hacer es comprar alimentos pero hay muchas más cosas como dedicar parte de nuestro tiempo a tareas de voluntariado o fomentar nuestros valores.

¿Y las empresas?

Las empresas apuestan, cada vez más, por el marketing social. Son conscientes de que tienen una responsabilidad social y eso se nota. Al final, han constatado que la inversión en solidaridad es rentable porque lo recuperan en prestigio.

¿Por qué existe Cáritas? ¿No es un trabajo que debería corresponder a las administraciones?

Cáritas existe por una razón. Es una organización que depende de la Iglesia Católica y siempre ha tenido en cuenta los valores de la caridad, el amor y la misericordia. Aunque la sociedad tuviera cubiertos todos sus derechos y necesidades, Cáritas seguirá existiendo porque hay cosas que por justicia nunca llegarán. Pongo el ejemplo de una persona anciana que puede tener cubiertas sus necesidades con una pensión o la ayuda a la dependencia pero eso no suple con que requiera el cariño de alguien que le haga compañía. La administración tiene el deber pero la sociedad es compleja y no puede dejar toda la ayuda en los poderes públicos. Hay entidades civiles y sociales que deben jugar un papel en la sociedad como colaboradores de las administraciones y para poner sobre la mesa problemas que no pueden detectar.

¿Qué piensa cuando oye que la crisis ha finalizado?

La crisis se ha acabado para quien se ha acabado y, sobre todo, en las cifras macroeconómicas donde parece que el ciclo comienza a cambiar. Esta crisis ha dejado a mucha gente en la cuneta de la sociedad que va tardar mucho tiempo en reincorporarse. Mientras no se cree un empleo estable, digno y que permita que las familias puedan tener un desarrollo de vida será difícil.

¿Para cuándo un pacto de Estado contra la pobreza?

El pacto de Estado contra la pobreza y la exclusión tendría que ser urgente. Todos los pactos como el de la sanidad o la educación son urgentes pero el de la pobreza mucho más. Los partidos políticos deberían ser claros y lograr un acuerdo no solo para garantizar derechos, que ya están recogidos en la Constitución y luego no se cumplen, sino para programar políticas concretas activas en favor de los excluidos, los desempleados y las clases desfavorecidas.

¿Ha cambiado el perfil del beneficiario de las ayudas de Cáritas durante los últimos años?

Ha cambiado el perfil porque la gente que antes acudía con más frecuencia a Cáritas estaba cronificada en la exclusión y, por las circunstancias de la vida, se situaba al margen de la sociedad, con problemas de drogadicción o con otras dificultades. También había un porcentaje importante de población inmigrante. Cáritas no quiere distinguir porque todos somos hijos de Dios y, por tanto, humanos pero hoy el 80 por ciento del total de los usuarios de Cáritas son personas españolas. Hay dos perfiles. Por un lado, la familia con un matrimonio entre 35 y 40 años con dos o tres hijos que han perdido su empleo y tienen el riesgo de perder su vivienda por no poder pagar la hipoteca. Por otro, hay otro perfil muy marcado de familias ‘monoparentales’ compuesto de madre con hijos a su cargo tras rupturas matrimoniales, separaciones u otras circunstancias.

¿La plena integración de una persona pasa por el empleo?

Sin duda alguna. Todas las Cáritas llevamos años apostando por el empleo y por la formación para que muchas personas puedan volver al mercado laboral. Había mucha gente que trabajaba en la construcción y no está preparada para acceder a otro tipo de mercado. Eso obliga a realizar cursos del ámbito de la jardinería, textil y restauración, en función de las necesidades de cada provincia. Además, hemos hecho esfuerzos en la mediación laboral porque es más fácil encontrar un trabajo cuando Cáritas está detrás de esa persona. Nuestra organización ha logrado que el 38 por ciento de nuestros usuarios consiguiera una inserción laboral. Se trata de un alto porcentaje viendo las circunstancias actuales.

¿El empleo evita la cronicidad de las situaciones de pobreza y la demanda continua de ayudas?

Así es. Nosotros animamos a la gente a encontrar un empleo digno, aunque solo sea un mes, siempre y cuando no suponga una explotación o trabajar por una comida. Abrir puertas a un empleo es siempre positivo y hay posibilidades de que vuelvan a llamar a esa persona. Hay que evitar, en la medida de lo posible, que la gente se cronifique y que se acostumbre a vivir de las ayudas de la administración o los recursos de entidades como Cáritas. No queremos que estén eternamente con nosotros porque nuestro deseo es que logren la inserción social.

¿Cómo se combate un nuevo fenómeno como el de los nuevos pobres asalariados?

Las administraciones y organizaciones como Cáritas deben luchar por un trabajo de calidad y digno. Hoy se crea empleo de poca duración y muy precario. Cáritas atiende a personas que, pese a tener un trabajo, no son capaces de cubrir sus necesidades a final de mes. Un trabajador que cobra 500 euros no puede mantener una familia y hay que ayudarle para sacar adelante su hogar. Hemos insistido en la necesidad de completar este salario con ayudas de la renta garantizada de ciudadanía para vivir con dignidad.

¿Hay gente que se aprovecha de la situación de crisis y eso resta recursos a las familias que realmente lo necesitan?

Puede haber algún caso en que nos engañen pero es difícil porque tener que acercarse a pedir, sobre todo cuando son necesidades muy básicas, es muy duro. Hay mucha gente que nos dice que les da vergüenza. Además, no hay que olvidar que Cáritas tiene unos criterios objetivos al dar ayudas lo que implica recabar información sobre la vida laboral y situación económica. La puerta de entrada a Cáritas es la parroquia y allí hay voluntarios que conocen las necesidades de su barrio. Además, estos voluntarios pueden detectar posibles situaciones de exclusión e incluso el párroco puede llevar una ayuda sin que nadie lo sepa.

¿Una cercanía que puede influir a la hora de que algunas personas prefieran acudir a una parroquia antes que a una administración?

Así es. Esa relación de proximidad y de agilización es posible en Cáritas y clave para actuar rápido. En ocasiones, la administración es más lenta por la burocracia. Las instituciones pueden tardar tres meses en tramitar una ayuda de emergencia pero es un tiempo excesivo.

¿Cuáles son las ayudas más demandadas en Cáritas?

Las principales ayudas son básicas, no tanto alimentos como para paliar la pobreza energética ante la imposibilidad de hacer frente a los gastos de la vivienda. Hay cada vez más ayudas relacionadas con la vivienda como pago de alquileres o hipotecas y los gastos de farmacia y productos de higiene para niños. Además, casi todo el mundo que se acerca a Cáritas demanda un empleo porque si tienen trabajo no requieren de otras ayudas.

¿Es clave priorizar las situaciones donde haya niños?

No se puede desatender a nadie si tiene una necesidad. Pero los menores son una prioridad porque apostar por los niños es apostar por el futuro de la sociedad para tener a adultos mejor integrados.

¿De qué manera puede influir el trabajo de Cáritas con un cambio de Gobierno sobre todo ahora en que hay partidos políticos que propugnan el laicismo o cuestionan la labor de la Iglesia?

Estas formaciones pueden cuestionar, en ocasiones, cosas de la Iglesia pero creo que ningún partido discute la labor de Cáritas porque está más allá de ideologías. Se trata de una labor social y caritativa que trabaja con los más vulnerables y los más excluidos de nuestra sociedad.

¿Comparte la afirmación de que los gobiernos están para rescatar a las personas y no a los bancos?

Creo que sí. Es una labor de un gobierno, y en general, de la sociedad. A veces es fácil echar toda la culpa al gobierno y no pensar en lo que hacemos nosotros. Hay que poner a la persona en el centro de la sociedad porque es lo más importante que tenemos. Cada vida humana tiene su valor indiscutible.

¿La gente conoce y valora el trabajo de Cáritas?

En general, sí. En ocasiones, he comentado que debemos tener cuidado porque podemos morir de éxito y de reconocimiento. En estos años de crisis, Cáritas y otras organizaciones han sido valoradas por su trabajo. Hay una percepción bastante buena porque la gente se fía de nosotros y hay personas que nos entregan un donativo pese a reconocer que no son católicos.

¿El trabajo de Cáritas es el mejor termómetro de la realidad social?

No sé si el mejor pero es, sin duda, un termómetro social. Tenemos contacto con la realidad y nuestros trabajadores y voluntarios están en el tú a tú y en el día a día. Aquí no hay mensajes macroeconómicos sino las necesidades de cada persona

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