…que ya tiene usted una edad para ir cambiando el disco…

 

Me cuentan de su paso por mi querida y dos veces milenaria ciudad y me cuentan también su cuento-hilo-conductor ese de que los españoles no conocen su historia y de que le necesitan a usted y a otros hispanistas de pro, etc., etc…

Y, como le digo, debe usted ir cambiando el rollo, que se le acaba el tiempo, que la edad no perdona y, sobre todo, para que le recordemos por algo más que por sus sentadas de cátedra en aquellos temas, tan sensibles como bien escogidos, que sirven para dar por el envés a aquellos a los que por hipótesis hay que darles.

Claro que está en su derecho, como yo lo estoy en el mío, de decir lo que le apetezca siempre que nuestros juicios de valor, de haberlos, lo sean desde la buena fe, desde el conocimiento de lo que se habla y sin ánimo de ofender a nadie, que para eso sobra gente.

Y como estoy seguro de que usted no me leyó en su día, otra cosa sería vana presunción, y para dar fe a mis lectores de lo que digo, me permitiré reproducir aquí las palabras que ya le dediqué el 23 de junio de 2013 por mor de su exposición-monotema en otro foro similar al que hoy refiero si bien en ciudad bastante menos milenaria:

 

“Se equivoca usted, señor Gibson…

…cuando afirma –entre otra serie de lugares trasnochados y comunes– que ‘España no sabe quién es, si no… por qué hacen caso a los hispanistas’.

Y se equivoca de plano porque España sabe perfectamente quién es y porque confunde a sus admiradores –admiradores de usted, señor Gibson– con el pueblo español.

Otra cosa es que la corriente de pensamiento que usted representa, alineada finísimamente con la corriente que, bajo distintas denominaciones y presencias, sufrimos los españoles desde hace ya más de doscientos años, persiga ese descoloque al que hace referencia, con el que sueñan hasta despiertos.

Y otra cosa es la admiración que suscitan entre sus seguidores sus garabateos sobre Prim, Lorca, Paracuellos y otras cuestiones de oportuninismo editorial.

Pero nada más, señor Gibson. No se confunda. Y si no sabe lo que sí saben los españoles sobre lo que es España y sobre su historia, dese una vuelta por la calle del León de Madrid, sede de la Real Academia de la Historia. A lo mejor aprende algo.”

 

Pues eso, señor Gibson, que ya es hora de ir cambiando el disco, que se le acaba el tiempo.

 

 

Juan M. Martínez Valdueza

5 de octubre de 2017